Los baños Termales en Roma

Roma, Historia y Cuna del Derecho

lunes, 26 de noviembre de 2012

El Consumismo

El artículo que pasaré a reproducir corresponde a la pluma y análisis del señor Eduardo Galeano. Lo recibí por correo y no puedo dejar de compartirlo.

"
Guillermo Anderson Anderson Guillermo Anderson Anderson Gracias, Dr. Dante Pérez Díaz.

"La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

L
os expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

Eduardo GALEANO
Montevideo, Uruguay
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miércoles, 21 de noviembre de 2012

El transporte urbano en Lima - Perú

He sostenido y sostengo que los limeños son prisioneros del tiempo y del consumismo, en ese contexto, el transporte para los ciudadanos de a pie e imagino, en menor medida a los que conducen un vehículo motorizado, son víctimas de la escandalosa pérdida de tiempo.

Ahora bien, en una ciudad ordenada -Lima es la antípoda del orden-, de la misma manera, el tiempo que se pierde para desplazarse de un lugar a otro puede resultar significativo.

Vivo en Lima desde hace 4 meses y debo viajar diariamente desde Cieneguilla a mi Estudio en el mismísimo centro de la Capital peruana; no es posible ir desde Cieneguilla al Centro en un sólo viaje ya sea en combi o en una custer, necesariamente debo tomar dos movilidades; Puedo dirigirme desde el lugar de origen a la Av. Petit Thoaurs con la custer que parte desde Cieneguilla y luego (en Petit Thouars) tomar una combi que me deja a una cuadra de mi destino; puedo también, con la custer llegar a la intersección de Javier Prado con la Av. La Molina y tomar la combi que tomo en Petit Thouars para llegar a mi Estudio.

De lunes a viernes tomo la custer a las 5.45 am para llegar a mi oficina pocos minutos antes de las siete de la mañana; ¿tengo alguna actividad a tan tempranas horas para estar en mi lugar de trabajo?, ó ¿un jefe al que debo rendir cuentas?, NO, ¿porqué entonces?, !para ganar tiempo!, si por ventura tomase la custer pasadas las seis de la mañana, el viaje de 55 minutos se convierte en una hora 30 minutos o una hora 45 minutos. Al fin del día, para regresar NO tengo escapatoria, el viaje demora entre 2 y 3 horas incluida la espera de los vehículos correctos.

En Lima nadie respeta la ley, ni el orden, ni al semejante ni siquiera se respetan asi mismos, es una cuestión de educación y actitud, no se trata ya, de respeto a la autoridad que hace mucho renunció a dar la pelea, ¿han visto el "corredor Tacna Wilson", ¿porqué piensan ustedes que además de los paraderos debidamente señalados existe un contingente !en tdodo el "corredor"! de personal municipal, !para que los paraderos se respeten, tanto por los choferes cuanto para educar a los conchudos limeños!.

Pero lo hasta aquí escrito, es una parte del calvario que se debe sufrir en esta  cada vez máas caótica ciudad, veamos:

En la venida al Centro, antes de llegar al paradero de la vía de evitamiento, como en el paradero al que le llaman San Juan, más o menos unos 50 metros, en ambos casos,  los usuarios del servicio de transporte se paran en la misma avenida, han roto una de las mallas protectoras (no quieren caminar por el puente) y cuando se vuelven a cerrar, entonces saltan encima de ella hasta que la vuelvan a romper y !todos los vehículos, custer o no se detienen a recoger pasajeros!, claro la presencia de la policía casi es nula, ni hablar del personal de la municipalidad.

Debo indicar que en esta fase casi todos  los cobradores anuncian -voz en cuello- su destino más lejano, otra cosa es al regreso, la línea IO-27 cuyo recorrido es "Ate-Callao", sólo anuncia que va por arenales, cuando termina arenales, dicen que van al jockey plaza y cuando están ahí recien precisan que su destino más lejano es Ate.

Esta<misma línea IO-27 o digo mejor unos cuantos cobradores, cobran por el recorrido que hago S/. 1.80 o S/. 2.00, cuando el resto cobra S/. 1.50 que entiendo debe ser el costo correcto.

Me quejé ayer 20 de noviembre, siendo casi las 20 horas, cuando esperaba la combi, a un personal de la Muncipalidad de Lima (la ubicación Tacna con Colmena) que estaba media hora esperando y ningún IO-27 quería llevarme a la avenida La Molina, !todos iban a Arenales!, el sujeto me preguntó por el número de servicio, (parece que no había escuchado lo que le dije) lo verificó en un papel del que disponía, movió la cabeza y termino el asunto.

Ahora, como ven, todas son quejas y pruebas de lo conchudos que son los limeños, mas, ¿tengo alguna propuesta de solución?, pienso en la siguiente, para que desperdiciar el personal que controla que los paraderos se respeten, si usted amigo vista La Molina o Surco,a hí no existe personal ni paraderos, los vehículos paran cada 10 metros, según sea el pasaje (son pequeñas vías que conectan el domicilio con alguna avenida) de donde salen los usuarios, propongo lo siguiente: que ese personal de los "corredores" se constituyen pasajeros regulares de las diferentes líneas viajando de incógnitos, de manera que previa organización logística, mediante celular -por ejemplo- comuniquen a una unidad de control que intercepte al vehículo y personal infractor, les ponga una multa de inmediato y extienda un talón para que TODOS los pasajeros que se encuentren en el vehículo reciban un talonario de SIETE PASES LIBRES para ser usados en cualquier unidad de transporte público POR UNA SEMANA, excluyendo, obviamente el servicio municipal.

Que no sea un personaje de 1.40 mt. de estatura quien ponga en jaque a toda una ciudad, y en ello SI debe hacerse respetar el principio de autoridad.

Faltan 4 meses para la revocatoria, si en ese tiempo no veo acciones que mejoren el servicio MI VOTO  será porque revoquen a la Alcaldesa, puede no importar un ajo mi decisión, pero no olviden que son muchos miles los que sufren lo que les acabo de escribir.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Poesía

Estimados amigos, obligaciones ineludibles no me han permitido informarles de las novedades legales, como por ejemplo el nuevo radio urbano para los procesos tributarios en la vía administrativa establecidos por la SUNAT el primero de este mes.

Hoy deseo presentar para la crítica que les merezca, tres poemas, bueno, no sé si lo serán, previamente permítanme compartir una brevísima introducción:

"He querido coger entre mis manos las letras justas para explicar la condición humana, más ..ay....se vuelven garfios, las letras huyen, su linaje las reclama".

El Odio

El silencio esconde
arcanos gritos de 
manos broncíneas
curtidas y deformes.

El silencio es un badajo
sin campana, devastando
la templanza.
Despierta tormentoso
clamando venganza.

El silencio lacera el alma,
al imponente océano, horada
las piedras perpetuas
testigos del tiempo.

El silencio es finito,
hermano mayor del odio
que se fragua en el dolor.

17 de noviembre de 2012
Guillermo Anderson Anderson

El sueño

Ah...el sueño, inseparable
compañero de las horas idas y
moderno oráculo personal  de
las por venir. 
Un túnel sin comienzo ni final,
mágico creador de personas bellas,
de espantosas y dolientes figuras
vagando entre la niebla, la bruma
y la luz de la vida sin sentidos.

Infatigable constructor de esperanzas
jamás alcanzadas, mendaz
arquitecto de fantasías, devanándole 
los sesos al caballero de la triste figura.
Guillermo Anderson Anderson
15-11-2012

El Amor

Quiero robarle su mirada coqueta,
también la enigmática,
Su risa franca
también la gitana.
Quiero dibujar sus labios con los míos
endulzando su lengua con
las caricias pudorosas de la mía.
Quiero besar sus senos
una y otra y otra vez,
hasta leer !te deseo!
Quiero sentirme entre el delicado
aroma de sus brazos
y que nuestras piernas entrelazadas
recorran el salvaje torbellino
de la pasión, tratando de entender
la indescifrable constancia de un amor
a la distancia.
Quiero tatuarme en el pecho, aunque
mil cuchillos me laceren el alma:
!No eres mía, quiero que lo seas!
Guillermo Anderson Anderson
13 de noviembre de 2012
Los derechos son del ser humano
 

viernes, 16 de noviembre de 2012

DENUNCIA PÚBLICA

Atendiendo a la sol.icitud de mi amigo y colega, Dr. Dante Pérez Díaz, pongo en vuestro conocimiento los hechos que son materia de la denuncia solicitada, de manera que al  dar lectura de la misma, concluirán lo fácil que es involucrar a terceras personas en actos delictivos,  evitando  ser sorprendidos por sujetos sin escrúpulos  que nos pueden complicar la vida en este hermoso país  llamado Perú.