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Roma, Historia y Cuna del Derecho

domingo, 14 de mayo de 2017

Juan Claudio Lechin, al unísono con la moda



Hace poco escribí “Juan Claudio Lechin y las cavernas del pensamiento”, no sabía entonces quien era este personaje, hoy al criticar su artículo  sé perfectamente quién es y que pasó por tiempos mejores.

Opinar sobre sus críticas al Gobierno venezolano y su Presidente en particular no tiene sentido, puedo si actualizarlo –extraño este asunto porqué es mi menor-  respecto de algunos quehaceres mundanos en sociedades donde reina el “esplendor democrático”, por ejemplo, los vídeos virales (como le cortaron el cuello a un gato, o lo linda que se ve una osa polar bañándose en una tina de hielo y un sinfín de virus mentales) la moda “life fashion”, de qué color son los calzoncillos del futbolista que admira, y desde luego la propaganda en los medios alentando el consumismo para la clase de siempre e incitando a realizar cualquier “negocio” a quien no tiene para pagarlas de suerte que pueda adquirirla y con ella "ascender" -jejeje!!- a la estúpida y racista “clase vip” a la que sin duda  Juan Claudio Lechin apunta, lo que no sabe el torpe comprador es: que su ascenso cuesta muchos pero muchos miles de objetos en permanente cambio que identifican o identificarán  a la “clase vip”,  que ansía en las penumbras de su locura, la utilidad del  cerebro es obviamente un enigma para esas personas, representantes asalariados del poder que, en sociedades en constante contubernio democrático y desenfreno moral, son la cuna terrorífica de la desigualdad.

Juan Claudio Lechin tuvo tiempos mejores sin duda alguna.

Comparto uno de los párrafos de su artículo.


“En cada acto público, Maduro baila celebrando que nos hayamos cansado de apoyar lo bueno, la libertad, la vida, la paz, al pueblo y que hayamos vuelto al texting histérico, a los videos de chistes, de bebés que hacen ternuras y perritos que hacen cabriolas. Maduro, el títere idiota, el narcotraficante, el secuestrador, el genocida, celebra con rimbombo nuestra ética inmoral, la banalidad del desentendido”.






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