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Roma, Historia y Cuna del Derecho

sábado, 14 de enero de 2017

LUÍS GARCÍA MIRÓ - LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Las ideologías, en mi opinión, no son aceptables en este Siglo, si deseamos avanzar hacia un mundo mejor y con muchísima menor desigualdad estamos obligados a defender o contradecir ideas que, en un principio indudablemente, fueron base fundamental para separar, en términos gruesos, la lucha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada.

Defenderé siempre ideas, existen tanto en el poder cuanto en los que exigen justicia y mayor igualdad, buenas y malas naturalmente,  cuestión esta última para el sector que no la propone y sólo es necesario conocer al autor de la misma para objetarla sin misericordia ni analizar ni justificar nada. En suma un diálogo de sordos.

El señor Luís García Miró Elguera vive anclado en el pasado y no desea ni acepta cambio alguno.

Expresarse y opinar es invitar a quién lee a aprobar o contradecir lo que se haya escrito o dicho, la “libertad de expresión” es, como dudarlo, el derecho a expresar lo que se piensa respecto de uno o más temas en particular estemos o no de acuerdo con quién respecto de ellos ha manifestado su posición, fatalmente boicoteado por el poder; pongamos como ejemplo este artículo y mi comentario. Veamos:

Lo que piensa y transmite el señor García Miró podrá ser leído-eventualmente. por todos aquellos que compren el Diario Expreso y muchos tendrán algo que escribir sea en favor o en contra, pero esas opiniones no se conocerán, lo mismo sucede con el único diario cuya “línea editorial” no es compartida por los dueños de “Expreso” con la salvedad que si uno desea opinar debe hacerlo sólo si tiene una cuenta en alguna red social, si los que tienen algo que escribir no les da la gana de tener una cuenta, como es mi caso, no tienen derecho a hacerlo.

En consecuencia, los que gozan de una tribuna en los medios primero deben pensar como los dueños –el que exista un columnista u opinante que discrepe moderadamente de su línea editorial es la zanahoria que impulsa  caminar al burro.

No es patrimonio de la “derecha” ni de la “izquierda” son gemelos, el pueblo a fin de cuentas son verdes en sus bolsillos y bueno siempre un  pedazo de zanahoria es necesario.

La “libertad de expresión” para personas de “rancia aristocracia” o “las que se autodefinen como defensoras de la lucha popular” será respetada si quien opina comparte sus ideas, en consecuencia, acierta el señor García Miró cuando sentencia esta discriminadora costumbre  en gente que piensa distinto a él, fatalmente olvida la enorme viga que no sólo le nubla la mirada, también su capacidad de pensar.

Comparto su artículo y el comentario que me inspira, reducido a quienes lean mi blog tan distante de Expreso como el Perú de Nueva Guinea.

EL MUNDO AL REVÉS
La libertad de expresión amenazada
Fecha  Sábado 14 de enero del 2017 | 5:08 amTag ,Luis Garcia Miró Elguera Diario Expreso digital.
Según las redes sociales, la voz corrección-política proviene del marxismo-leninismo. Con el tiempo fue adoptado por la progresía para inventar términos que sustituyeran expresiones que ellos consideraban segregacionistas, machistas u ofensivas a ciertos grupos sociales. Hoy una vertiente del movimiento políticamente correcto se empeña en eliminar la palabra homosexualidad, reemplazándola por el término opción sexual (incorrecto, “orientación sexual es el nombrecito- más tanto esta como aquella son frases que están muy lejos de definir la homosexualidad). Es más, a todo aquel que no respete las reglas políticamente correctas de la progresía ahora se le califica de negrero, machista, racista, patriotero, homófobo, nazi. En síntesis, hablamos de un mecanismo represivo de la izquierda dirigido a neutralizar la respuesta y el avance de la derecha. El movimiento políticamente correcto objeta la mismísima noción de la realidad, y fundamentalmente castra todos los principios de la libertad en general. Aunque más propiamente dinamita las libertades de expresión y opinión. Sobre todo en lo referente al asunto de la igualdad de género, exacerbada en estos tiempos como una corriente de supremacía conquistadora del colectivo gay (estoy de acuerdo)
En el fondo el concepto de lo políticamente correcto simboliza a una tendencia social heredera del raciocinio estalinista, apelando al simplismo de relativizar todo lo que no cuadre con el plan socialista conceptualizándolo de falaz, racista, opresor y corrupto. Es la anulación automática de la opinión ajena degradándola a niveles de vileza y crueldad, apelando al insulto descalificador y a la difamación convertida en dogma, al extremo que su meta final es la muerte civil de quienes piensen distinto al socialismo. (es probable, pero no le pierde paso el señor García Miró y al sector que representa)
Aunque lo más injuriante del pensamiento políticamente correcto es la metodología de su doble discurso. Es la hipocresía elevada al infinito. El mal paso del opositor se transforma en acción positiva siempre y cuando quien la practique sea algún hermano socialista. Más ofensivo todavía es el comportamiento de la canalla políticamente correcta, que, como Fuenteovejuna, ejerce el todos a una. Si algún integrante de la mafia izquierdista comete cualquier acto ilícito, inmediatamente acaba arropado –y temporalmente asilado- por la avanzada mediática políticamente correcta (debe mirar, leer, y enojarse con todo el circo montado alrededor de Odebrecht sólo este reconocimiento podría tornar aceptable su posición y he leído más de uno de sus comentario sobre el tema), hasta lograr el hartazgo de la opinión pública y conseguir el efecto buscado (es lo que el poder está haciendo en el caso Odebrecht): que el hermano delincuente supere el trance de la denuncia pública, guardando hermético silencio en tanto los opinólogos zurdos se encargan de lanzar alguna cortina de humo disuasiva que le permita sacudirse de culpas incordiando al enemigo de la derecha achacándole presuntos escándalos (en el caso Odebrecht están metidos hasta las narices el 90% de sus “hermanos” y nadie los saca a la palestra, ¿O usted a emplazado a alguno?). Esta metodología de la mafia políticamente correcta funciona a la perfección a base de inventar, disimular, desconcertar y engañar. Pero claro, ay del opositor centro-derechista que haga lo mismo. Acabará achicharrado por la prensa progre y condenado por esa justicia que domina la izquierda. (Bueno, si echamos un vistazo a la “prensa progre” llegaremos a la conclusión que por cada medio con ideas izquierdistas existen no menos de cinco derechistas y seguro me quedo corto)

Como hemos acotado, el movimiento políticamente correcto apunta al linchamiento de las libertades universales. Empezando por la independencia de expresión y opinión. Quien abrigue conceptos diferentes a la doctrina socialista se convierte en objetivo del clan. Sus comentarios permanentemente serán ignorados (¿Cómo actuará usted respecto de mi opinión señor García Miró?) y su imagen quedará deshonrada y calumniada al amparo de cualquier artilugio concebido en nombre del político-correctismo. Cuidado nomás que esta tendencia acabe convertida en el “Yo Acuso” postmodernista, dirigido a suprimir la libertad de prensa en el mundo.

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